Perdidos bajo un escenario surrealista recorremos Valparaíso a través de los ojos de un gato.
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domingo, 25 de enero de 2015
domingo, 18 de enero de 2015
"El niño del entretecho" Segunda Parte, por Francisco Eduardo Sad
Transcurrió no sé cuánto tiempo y el pequeño husmeando las
cajas descubrió la reserva de cubitos de azúcar de la Madre, estaba hambriento
al igual que triste. No sabía cómo se habían marchado, recién ahora comprendía
al pasar varios días que los Padres se habían ido. Extrañaba su leche y el
aroma a canela de las mañanas. Hubiera dejado sus lápices a cambio de los
gritos y bailes de su madre si le hubiera sido posible.
jueves, 15 de enero de 2015
"El niño del entretecho " Primera parte, por Francisco Eduardo Sad
Francisco Eduardo sad-.
Primera parte
Era sin dudas un día hermoso en el
paseo Yugoslavo, no estaba en neblinas como de costumbre en esta región
costera. Desde lejos se veían pasar los barcos multicolores, veleros y sonidos
roncos de buques imponentes. El aire salino cobraba un dulzor difícil de
explicar. El padre ya se había marchado al trabajo, dejando a su salida
una estela magnífica a té remojado y canela, vapores exquisitos por aquellos
años. La mamá con su tijera cortaba los tallos de la albahaca y molía los
choclos en su máquina manual. De fondo sonaban tonadas que hablaban de amor y
olvido cuasi tangos porteños, pero del puerto de este lado del continente,
menos formidables quizás, pero más condimentados se oían envueltos en los
menjunjes de la Madre. El gato Martín yacía blanco bajo las sillas de
madera en el comedor, jugueteaba con la alfombra agarrando sus hilos con sus
patas delanteras, mientras que con las traseras las desmenuzaba con una
paciencia atroz, como destrenzando un mimbre eterno. Sus ojos expandidos y
redondamente negros lo hacían ver como un gato de monte, huraño y
ensimismado en su destructiva empresa. El niño restregándose los ojos
bajaba por la escalera chillona, rara vez se atrevía a hablar, este silencio le
había desarrollado de tal manera la mirada que solo con la inmensidad de sus
ojos podía expresar asombrosamente sus deseos.
domingo, 11 de enero de 2015
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