“El Hospital Deformes ya autorizó el
procedimiento” esa frase nos hacía temblar a todos, los gimoteos pronto se
llenaban del silencio que minutos antes había inundado las celdas. No había
mucho que decir, encerrados por nuestras conductas violentas, las conversaciones
no se hacían muy espontaneas. Estábamos en un silencio pseudo acogedor, no de
esos incómodos, sino de esos consensuados, de esos en los que las palabras
simplemente sobran. Pero cada vez que esa frase se repetía uno de nosotros
desaparecía. Abrieron mi celda, y a pesar de retroceder lo que más pude y
apegarme a la pared, hasta casi fundirme con ella, me tomaron y encerraron en
un contenedor levitatorio. Soy un macho, considerados por algunos como el alfa,
y estaba aterrado. En cuatro patas, agazapado con el estómago pegado al suelo
mientras era transportado al hospital. El viaje fue corto, de un par de
cuadras. Cuando bajaron mi contenedor del vehículo nuevamente la sensación de
vacío en el estómago…odio el vaivén que provoca la levitación poco constante
que generaba mi carcelero. Llegamos a una habitación de paredes extremadamente
blancas, abrieron la puerta para prepararme para cualquiera que sea el
procedimiento médico que me iban a hacer y aproveche la oportunidad de correr,
no sabía dónde estaba ni a donde ir, pero el peligro se sentía en todas partes.
Los doctores de inmaculadas batas me redujeron en segundos, y pronto me tenían
sobre una mesa de operaciones con una mascarilla de anestesia y un extraño
aparato en mi cabeza, ajustado con un gel que escurría por mi cabello. No
quería dormir. Miré para todas partes tratando de buscar ayuda. Una
enfermera me vio y dijo: “Tranquilo muchacho”…muchacho…muchacho…muchacho…las
palabras resonaban en mi cabeza mientras descendía en el abismo de los sueños.
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jueves, 9 de abril de 2015
jueves, 19 de marzo de 2015
"Sonidos tormentosos en el final del viaje" por Sina de la Fiol
*Continuación de “Paisajes coloridos dentro de un viaje gris” publicado en Cetáceo Negro
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- Esto no está pasando – la voz
de la chica estaba llena de asombro al igual que su rostro. Las máquinas a su
alrededor pitaban de manera inusual.
viernes, 6 de febrero de 2015
La gema de Alimapu, por Sina de la Fiol
Siempre me había preguntado por
qué en entre Viña y Valparaíso construyeron castillos sobre el amparo de cerros
y rocas, siempre los había visto, pero no supimos en verdad lo que eran hasta
que fue demasiado tarde. Hay puntos en nuestro planeta donde convergen energías
de todas partes, y tanta colisión genera portales, nexos que unieron estas
intrincadas piezas arquitectónicas con el entorno. Estos enlaces se estudiaron, y pronto lograron
enviar objetos al “otro lado” (nadie sabía exactamente dónde). Lo malo fue, que
donde fuera que llegaran, molestó a sus habitantes. Primero llegaron elfos,
siempre educados y democráticos a pedir que por favor dejáramos de enviar
cachivaches a su mundo, con menos paciencia luego cruzaron algunos enanos,
quienes amenazaron con comenzar una guerra si no se detenía la investigación.
Sus sabios eran más inteligentes que nuestros científicos, porque las pruebas
no cesaron y finalmente tuvimos una irrupción masiva de orcos, sin diplomacia ni avisos, armados
hasta los dientes listos para tomar este mundo y destruir a quien se
interpusiera…
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viernes, 23 de enero de 2015
"Cambio de casa" de Sina de la Fiol editar
El departamento está vacío. Ya empacaron la última caja. Demasiados recuerdos. La muerte siempre es dificil de superar, pero ellos harán lo que sea por mantenerse juntos, siempre ha sido así. Se aman. Nunca me amaron. Prometieron estar juntos pase lo que pase; a mi no me prometieron nada. Cajas apiladas en el comedor. Cada pieza está vacía, ya está todo guardado. Es como ver una película antigua con tanto tono sepia proporcionado por los cartones y el silencio, y que ha terminado por devorar todo el lugar. No se hablan automáticamente han hecho todo. Se irán. Deben irse. Este lugar ya no les pertenece. Ya no soportan estar conmigo. Un suspiro y suena el timbre, el sobresalto es gratuito y la puerta se abre. La mudanza comienza y poco a poco van destripándolo todo. Siento sus ojos en mí como si estuvieran arrepentidos, como si me vieran, pero no lo hacen, lo sé, sólo me siente. Se les declaró inocentes y pensaron que todo terminaría ahí. Pero yo no me he ido y tampoco me iré, porque ellos son mi familia, y la familia crea lazos que traspasan incluso la muerte. Se aman, nunca me amaron y se deshicieron de mi; no del todo, algo queda aún en este departamento, arraigado a sus paredes, a sus pisos, pero sobre todo a sus habitaciones. Se deshicieron de mí, pero yo no los he dejado, nunca lo haré.
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