martes, 13 de enero de 2015

Apuntes sobre el vampirismo como relato postmoderno.



Francisco Manríquez Astorga

                                       Victoria Francés-. EL Vampiro de las Nieves (Misty Circus)
                




La extensión de diversos relatos acerca de seres no muertos que recurren a múltiples técnicas de extracción de energía de los vivos , puede rastrearse hasta los más primitivos intentos por explicar el destino de quienes mueren fuera del alcance de los discursos oficialistas  o metafísicos de la comunidad.


Así , el fenómeno de las historias de vampiros se encuentra presente desde el lejano oriente hasta los mitos en tribus sudamericanas o la polinesia ; sin embargo , a pesar de la diversidad de estas , no resulta sencillo agruparlas a todas bajo una imaginería tan extendida en la literatura contemporánea. En este sentido, el género de horror le debe gran parte de su legitima inserción al canon occidental  a pesar de que , con el tiempo, ambas vertientes han tomado caminos divergentes.

El lugar del otro en el ataúd postmoderno

Mientras el horror por sí mismo es un género literario más , las historias de seres no humanos , terrestres u otros , han caído en una suerte de vórtice postmoderno desde el cual , muy a pesar de existir grandes exponentes clásicos y contemporáneos, no parecen remontar con la misma dignidad que antes tuvieron.

Gran parte de los estudios culturales realizados durante fines del siglo pasado y comienzos del reciente han intentado  dilucidar en parte el porqué de este fenómeno, por cuanto se considera síntoma de una reapropiación reaccionaria , altamente paranoica, de los siempre acechantes pero inaprehensibles peligros externos a discursos oficialistas de raigambre neoconservadora. Que duda cabe entonces acerca de la nefasta influencia de las adaptaciones multimediales de estas historias , que  han convertido , muchas veces con patéticos resultados, una legítima corriente de la literatura de horror,  en un recurso para incrementar la extrañeza de este tipo de narraciones.

Y es que son bien sabidos los peligros de la multiculturalidad sin filtro y la caída abrupta de los grandes relatos ya que ,sin mediar una legítima adaptación de estas inquietudes , en la mayoría de los casos, se ejecuta una apropiación  superficial de sustratos culturales arragaidos a cosmovisiones totalmente disímiles con el receptor de estas.
                
De tal forma , una vez se presenta la ruptura que supone el sujeto disímil , en este caso el vampiro, el sistema de coordenadas que antes no lo admitía  se adapta y lo introduce por algún intersticio. En este sentido , y siguiendo las nociones freudianas al respecto, el sujeto extraño pasa a convertirse en un objeto de deseo;  su principal mecanismo de autoafirmación -su extrañeza- es fácilmente dominada por mecanismos discursivos que lo coartan .
               
El vampiro es un ser primitivo y contradictorio, inserto en un contexto que le es hostil, rodeado de confianza positivista/progresista durante gran parte del siglo pasado,  convirtiéndose en  metáfora predilecta- junto a otros personajes  de los relatos góticos -  para  justificar mecanismos discursivos transversales a  diferentes constructos sociales  donde el extraño , lo extranjero , la otredad misma  puede  ser alterada y volverse engañosa ,relegando a un segundo plano la producción intelectual de larga data al respecto. En este sentido , se construye lo otro con partes del Otro mayor , aquel que , a través de las mutaciones que ha tenido desde la antiguaedad hasta nuestros dias , siempre mantiene un sustrato peligroso o subversivo.

Vampiros modernos: La irrupción formal de la novela gótica.
                
Sin olvidar la aparición de  seres no vivos  en relatos de la antiguedad  , el afán por delimitar y hacer accesibles los códigos simbólicos de estos se actualizan con los relatos surgidos a finales del siglo XVIII y comienzos del XI  en los cuales , insertos en  nuevas formas y subgéneros literarios como los poemas románticos o las novelas de viaje, se resemantiza un campo de la tradición folclórica que enriquece  el devenir  de este tipo de relatos , en cuanto los referentes , si bien resultan parte del discurso no oficial de la época, no son del todo ajenos a tradiciones o leyendas anteriores , muchas de ellas surgidas alrededor de personajes reales de la historia europea (de allí el paradigmático caso de Vlad Draculea o la condesa Elizabeth Bathory);  igualmente responden a preceptos estéticos del romanticismo vigente y  engrosan , todavía más,  el canon de obras de terror al incorporar los relatos de seres no humanos con conciencia similar o igual a la humana.
                
Esta nueva faceta es el primer indicio de una apropiación discursiva que,  si bien resulta legítima y engendra una producción de calidad, no impide que  la misma popularidad que gozan los relatos de horror gótico le volviera un lugar común dentro de la publicación de folletines, relegando doblemente a los seres no humanos , quienes se transforman en arquetipos efectistas la mayoría de las veces. De allí la desconfianza para con el carácter sugestivo y sexual de los relatos vampíricos , por cuanto encubrían mediante caracterizaciones  todas aquellas dimensiones de las mujeres protagonistas o víctimas (las escenas de lesbianismo implícitas en Carmilla resultaron escandalosas para la época)relacionadas con un deseo sexual no sublimado o , en el caso del arquetipo de la bella angelica, inexistente ; a la vez que presentaban atmósferas y recursos estilísticos rapidamente cuestionados por los incipientes realistas y naturalistas de mitad de siglo, basando sus críticas en la creciente influencia positivista del método por estos aplicado.

Vampiros Postmodernos: Producción en serie de quienes no se reflejan en los espejos.
               
Así es como  con la irrupción del psicoanalisis ,el modernismo y las vanguardias durante el fin de siglo y  comienzos del siglo XX, la figura del vampiro y otros seres no humanos estuvieron exclusivamente dedicados a la cultura de masas , considerados literatura de segunda categoría dentro de un género siempre  relegado, el terror; aunque consiguen  brillar nuevamente bajo los reflectores de la incipiente industria cinematográfica con la aparición del Nosferatu de Murnau en 1922. En consecuencia ,  retorna la figura sinuosa de un no vivo a los imaginarios colectivos , pero recalcando aún más las características "monstruosas"  de sus protagonistas ,o sea ,  volviéndolos derechamente pastiches en melodramas maniqueístas pocas veces profundizados o puestos en valor. Deviene entonces la utilización simbólica de las características bestiales o demoníacas para exagerar reacciones cada vez más dependientes de la impresión que de  inquietudes metafísicas , a las cuales se habían  dedicado  los románticos , aunque  sin duda los horrores del siglo XX  terminaron por excluir al monstruo no humano indefinido de los miedos occidentales, al superar la realidad por mucho a la ficción.
                
En este contexto, la otredad del vampiro resultó ser particularmente permeable  a causa de que es un ser de características ilusorias -como las de un reflejo inexistente en el espejo- y  su reproducción se acrecentó y diversificó hasta la parodia y la sátira , géneros en donde brilló hasta la aparición de un nuevo período de producción en la literatura del género de terror que retoma , ahora desde la ya incipiente postmodernidad, su reivindicación como un otro legítimo , aunque no excento de influencias que lo alejan radicalmente de los mitos folclóricos , el ser ambiguo y misterioso de los románticos , e incluso los espectros burdos creados por el cine.
                
La aparición de la saga vampírica de Anne Rice inicia la reaparición de los no vivos como seres que aúnan todas las características de personajes contemporáneos, y que será tan repetida luego en todos los ámbitos de la producción cultural post Guerra Fría, llegando, en literatura, hasta la inusitada aparición de la saga adolescente Crepúsculo. Se desprende entonces que los efectos globalizadores resaltaran la caracterización vampírica ya no desde la trinchera del horror únicamente, sino que bajo las premisas de creciente confianza en el desarrollo tecnológico que resaltan la misma discursividad de salud y bienestar de un sistema político -económico pronto a comenzar su decadencia social: el neoliberalismo.
                
Al respecto, y para concluir esta perspectiva, las representaciones postmodernas referentes a los no vivos exacerban la condición imperecedera de estos seres, por cuanto  se condicen con  los preceptos contemporáneos de sanitización de los rituales mortuorios y  reniegan de la muerte entendida  como aniquilación total. Al respecto,  resulta bastante ilustrativo generalizar el carácter de condenados que  presentan en muchas obras literarias contemporáneas, debido a que, paradójicamente contrarios al paradigma postmoderno, la inmortalidad es concebida como castigo o manifestación melancólica, pero legada solamente al ámbito de la ficción en personajes que no viven una infinitud, sino que una imposibilidad. Finalmente, el vampiro se reafirma a sí mismo cuando duda de sí mismo.

Referencias
                Alfonso,Patricio. "Drácula frente al espejo: apuntes sobre el vampirismo". Arcano        Cuarto. 2010.
                Chaves, José . "Vampirismo y sexualidad en el siglo XIX". Anuario de Letras Modernas . Vol. 9. Universidad Nacional Autónoma de México.1998-1999.

                Lyotard, Jean Francois. "La condición postmoderna". Editorial Cátedra. 2006.


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Francisco Manríquez Astorga
Estudiante de Pedagogía en Castellano
Colaborador de la Revista Nueva Fenix

1 comentario:

  1. Me encantó el nivel de tu explicación. ¡Excelente trabajo!

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